Cuándo el dolor ahoga y la incertidumbre aprisiona, cuando los peores temores se asoman y la mente se me trastorna, corro desesperada a Dios, mi padre sin palabras, ni entendimiento suficientes para clamar.
El me escucha. El me entiende.
Buscó en Él, alivio y consuelo para mi alma perturbada, turbada, trastornada.
Rescátame! Murmullo en un lamento ahogado, gemido del alma.
Socórreme padre mío de mis angustias, de mis temores.
De mis oscuros pensamientos libérame Papá porque de mi misma tengo miedo. Librame Señor de este dolor que sale de adentro.
Y cuando veo a los vástagos batallar en aguas turbulentas y profundas, negra marea que los arrastra, impotente y desconsolada me veo, y busco en mi Padre bueno esperanza. Ayúdalos también, porque yo alcanzarlos no puedo!
Y es que a veces se ciñe sobre el linaje, sobre la herencia mantos grises, penumbra y tristezas.
Pero CRISTO, mi CRISTO en ti hay esperanza, alúmbranos por piedad, enciende tu luz en nuestras vidas, alumbra estos corazones endurecidos, pobres corazones desvalidos.
Del fondo de la vacuidad tráenos de vuelta a la vida y cerca nuestro andar en este valle y en cada camino.
Arráncanos con tu poderosa mano de la muerte y del engaño.
De la podredumbre de nuestras almas lavanos, y de nuestras propias manos que atentan contra nuestra vida salvanos.
En medio de este inmenso manto azulado que cae pesado sobre nosotros, haz florecer Papá tus misericordias, irradia Señor desde el horizonte y rompe con tu luz las tinieblas de la última hora.
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