Que sea tu palabra mi alimento,
mi aliento de cada día.
Que sea tu palabra ancla firme, ancla robusta en las profundidades de la vida.
Que sea tu palabra mi luz y mi guía,
faro que alumbra en medio de las penumbras que acechan mi vida.
Faro que ilumina las penumbras profundas de esta alma mía.
Que tu palabra sea consuelo de vida, esperanza en medio de toda agonía.
Que sea tu palabra ancla de vida, aliento y alimento para mi alma abatida.
Anclame Señor, anclame la vida.
Reconcíliame Señor con la paz y la alegría.
Arrebátame Señor de las garras mortales de esta mente suicida.
Son estas mis súplicas de vida.
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